A vueltas con las fiestas nacionales - Enrique Martinez Bermejo
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A vueltas con las fiestas nacionales

Quienes hemos pasado un verano sin mayor movimiento, que no por menos, menos saludable, por la geografía española, sin embargo hemos experimentado las continuas provocaciones, por parte de quienes de autodenominan defensores de la cultura, en las celebraciones de fiestas populares en las que, de un modo u otro, el toro es protagonista.

Asistimos a una persecución por parte de algunos personajes publicos, que ha llevado a situaciones esperpénticas, en las que se nos ha tildado de asesinos a quienes asistimos a corridas de toros, a festejos de suelta de reses, a encierros como los de San Fermin, en Pamplona, los de San Sebastian de los Reyes, los de Leganes o los de Tordesillas.

Podría estar de acuerdo, que en algunas ocasiones, en situaciones muy puntuales, se producen actos vandálicos en los que el ensañamiento con el toro es desproporcionado.

Sin embargo es curioso, que quienes defienden a los toros, frente a quienes asistimos a estos festejos, son los mismos que defienden a capa y espada la práctica indiscriminada de abortos, que no deja de ser un asesinato y no precisamente de un animal, sino de un ser humano.

La defensa, a ultranza, de la vida de los animales, por encima de la de las personas, me parece vergonzoso, y supone la degradación del ser humano no nacido e indefenso, por debajo de los animales.

Personajes públicos, políticos, defensores de una cultura mal entendida, se colocan detrás de la barrera para, amparándose en los postulados del todo vale, convertir al ser humano en un objeto.

Se que esta entrada levantará ciertas ampollas. El verano ha sido prolijo en noticias al respecto, y, llega el momento de tomar una posición clara en este delicado tema.

Con independencia que en algunas fiestas se cometen actos de vandalismo sobre los animales, en la mayoría de ellas, la regulación legal de las mismas es muy clara y estricta, sin dejar resquicio alguno, a la libre interpretación, y ni tan siquiera al ensañamiento con el animal.

Los defensores de las corridas de toros pedimos, mas bien solicitamos, al resto de la ciudadanía que se respeten nuestros gustos, igual que nosotros respetamos los gustos de otros, que no
compartimos, y por los que no tildamos a todo hijo de vecino como un asesino.

La defensa de la vida del ser humano debería estar por encima, de esa defensa tan feroz que se hace de los toros, las focas o los pingüinos, que por supuesto tienen todo el derecho para vivir, aunque habría que ver si lo que tienen es derecho o es facultad o capacidad para vivir, desarrollarse.

Dotar de derechos a los animales supone cambiar la forma de ver la naturaleza de las cosas. Normalmente los ordenamientos jurídicos de los países establecen derechos y deberes para aquellos que pueden tenerlos y cumplirlos: es decir la personas.

Dotar de estos mismos derechos a los animales puede convertirse en algo muy peligroso. La naturaleza debe estar al servicio racional del ser humano. Debemos cuidar la naturaleza, pero ponerla por encima de los seres humanos, cuanto menos me parece un disparate.

En algunas comunidades autónomas de nuestro país se están produciendo situaciones mas propias del esperpento, en las que unos cuantos defienden a los animales, no ya en contra de las fiestas de arraigo popular, sino, y lo que me parece mas grave, por encima de las personas.

No es común en este blog tratar de levantar ampollas, pero nos gustan las corridas de toros, las fiestas populares tan nuestras.

Y tú, qué opinas de las fiestas populares?

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