spotify

Libertad para acceder a los contenidos culturales

Esta mañana nos desayunábamos con el cierre de la plataforma “Megaupload” por parte del Departamento de Justicia de la Administración Obama qué, por otra parte, considera a los creadores de la citada plataforma como una asociación de criminales, que han provocado pérdidas de 600 millones de dólares a la industria de los contenidos, así como el enriquecimiento de sus miembros con más de 160 millones de dólares.

Las salpicaduras del cierre de esta web han llegado, incluso a España, al considerar el FBI, que el portal Series Yonkis pertenece a dicha plataforma, y por ende debía ser cerrado. Sin embargo, como podemos leer en la portada del portal español, nada tienen que ver con Megaupload:

La empresa Burn Media, S.L., titular exclusiva de dichas páginas desde agosto de 2010, en ningún momento ha tenido contacto ni relaciones comerciales de ningún tipo con Megaupload.
Megaupload es una empresa diferente y, por tanto, completamente desvinculada a los servicios de Burm Media, S.L. Por este motivo, cualquier reclamación por el cierre de la página deberá hacerse a Megaupload, que es la que ofrecía los diferentes servicios de hospedaje a los usuarios registrados.
En España, como en el resto del mundo civilizado, el problema se magnifica, con detenciones y cierres de páginas, desde un lado o desde otro, como ocurría esta mañana con Anonymus al hachear diversas páginas del gobierno americano. El problema como bien señala José Luis Orihuela, en eCuaderno, no reside entre los gobiernos y los piratas, la raíz del problema son las industrias culturales.
Desde hace bastantes años, las industrias qué, en principio, representan a los creadores de los contenidos culturales, se lucran de forma salvaje de esos contenidos, ponen precios desorbitados a los consumidores, haciéndonos pagar cánones, que luego son inconstitucionales, con sistemas anacrónicos de pago por uso de los contenidos. La industria del cine y de la música son los ejemplos más claros. La proliferación de portales, en los que se descargan dichos contenidos, no ya para venderlos, sino para consumirlos, ha sido un hecho durante estos últimos años.
El problema es que el ciudadano, de a pié, con acceso a internet, allí dónde se encuentre, con velocidades de vértigo, no está dispuesto a seguir pagando esas barbaridades por cualquier contenido que quiere consumir. Muchos músicos se han dado cuenta, que no necesitan, ni a las sociedades protectoras de sus derechos, ni a las grandes productoras, para llegar al gran público. Con pequeños sellos discográficos, con estrategias de venta en formatos digitales, con la realización de conciertos en condiciones, se han encontrado un nuevo panorama, en el que, incluso, algunos, cada vez más, utilizamos medios de consumo de contenidos culturales de pago, si si si, de pago, como Spotify, en los que podemos consumir los contenidos, sin necesidad de realizar descargas de contenidos en portales como los cerrados.
En la industria cinematográfica lo que ha ocurrido, lo que sigue ocurriendo, es sencillamente escandaloso, las grandes productoras junto con las sociedades de defensa de los derechos de propiedad intelectual de sus asociados, siempre unos poquitos, aquellos que tragan con todo, aunque cada vez son menos, han conseguido, que en países, como España, el consumo de productos españoles, haya caído hasta lugares nunca vistos, como se decía hace casi un año Alex de la Iglesia, al señalar que la industria del cine no debía tener miedo a Internet.
Hoy Alex se preguntaba, qué pasaría con los contenidos legales alojados en Megaupload. Y yo voy más lejos, dónde queda la libertad de expresión, dónde queda la libertad para el consumo cultural. Con cierres como los de anoche, en plataformas donde algunos o muchos pagaban por descargarse dichos contenidos, la libertad queda pergeñada.
Mientras la industria de los contenidos culturales no atienda a razones, seguiremos tratando de consumir contenidos, mediante descargas en portales como Megaupload, o utilizando diferentes portales de micropago, que no supongan un gasto, tan brutal, para que encima todo el pastel se lo repartan unos pocos.
Para acabar, si hay algún incrédulo defensor de las industrias de contenidos culturales con formatos tradicionales, que lea algunos de los artículos de hoy de Enrique Dans, muchos más clarificadoras que las líneas de este post.

descargas vs streaming

La industria de los contenidos, cada minuto que pasa, se hace cada vez mayor y se nutre de múltiples formulas para que los usuarios lleguemos a ellos.

En muchos casos y lugares del planeta esto es real, si bien en otros, quienes descargan contenidos, de forma indiscriminada, están catalogados, cuanto menos, como delincuentes.

En tres ámbitos del ocio, sin embargo, se imponen modelos de negocio, que aun siendo de pago en muchos casos, han permitido a sus promotores convertirse en modelos a seguir, frente a aquellos que defienden las descargas indiscriminadas con el afán de comercializar con dichos contenidos, y convertirse en personas non-gratas.

Muchos de aquellos que hemos realizados descargas de contenidos hemos sido defenestrados, calumniados y, en ocasiones, vilipendiados, por el hecho de descargar contenidos para nuestro uso y disfrute. Muchos han sido considerados como delincuentes de los derechos de autor por consumir “x” contenidos en compañía de mas gente, en un evento familiar, al interpretar una obra de teatro, etcétera, etcétera.

Esta situación está cambiando hacia un panorama diferente, en el que hemos pasado de las descargas de contenidos para consumo propio, a un sistema mixto de micro pago y pago por consumo que salvaguarda, como no podía ser menos, el manido derecho de autor con el que a algunos se les llena tanto la boca.

El ejemplo mas reciente es el de iTunes, con la llegada al Store español de 0000ff;">titulos de películas de todos los tiempos, en unos casos facilitando el modelo free, y en otros un modelo de pago por visión, lejos del formato dvd o el reciente formato blueray, que tienen un coste desorbitado.

0000ff;">Apple ha querido atender las demandas del usuario que desea consumir un canción concreta de un artista, una película de un actor o un libro de tal o cual escritor, sin necesidad de ir a la descarga y compra total de la totalidad de la obra de un artista.

Un caso parecido es el de 0000ff;">Spotify, aunque con unas diferencias sustanciales: en este modelo de negocio existen tres posibilidades para consumir contenidos musicales:

1. La escucha de contenidos musicales a través de un 0000ff;">modelo gratuito, en el que se intercala la publicidad, después de la escucha de un número de canciones. Se trata del modelo gratuito, a cambio de la escucha de esos anuncios. No hay descarga sino audición en formato streaming, y en principio solo podemos utilizarlo en un ordenador.

2. El modelo 0000ff;">Premium con un coste de €9,95 al mes. Sin publicidad y con la posibilidad de escucha en streaming tanto en formato desktop o sobremesa y formato móvil, con la ventaja en este ultimo de poder escuchar en descarga indirecta sin necesidad de conexión online.

3. El tercer modelo llamado “0000ff;">Unlimited” funciona de igual forma que el modelo premium, con la dos diferencias, una el precio y otra que sólo escucharás contenidos ilimitados en tu ordenador, nunca en dispositivos móviles. No existiendo cuñas publicitarias, que pueden ser no deseadas para determinado target.

0000ff;">Spotify que nació en 2006, lo hizo, en un principio, como un sistema de consumo de contenidos en formato streaming, y, con el paso del tiempo ha desarrollado fórmulas de pago, no sólo a través de suscripciones, sino también de descarga de contenidos con modelos de micropagos, similares a los que tienen otros soportes, como el mencionado de iTunes de Apple. Si en Spotify deseas descargarte la canción que escuchas, puedes hacerlo sin ningún problema.

Desde este blog os animamos a solicitar una invitación para probar la versión gratuita. Ponemos a disposición de nuestros lectores diez invitaciones a Spotify Free. Sólo os pedimos hacer un comentario en este post sobre los modelos de descargas de contenidos.

Al principio de esta entrada hablábamos de tres modelos de negocio, y no queremos dejar pasar por alto, el tercero, pues aunque está en fase de pruebas, promete ser el bombazo de finales de 2010 y la primera mitad del 2011: se trata del modelo de suscripción a la lectura de iBooks, que está desarrollando 0000ff;">24symbols desde hace unos meses.

24symbols como solución para leer y compartir libros digitales en cualquier dispositivo de lectura, con conexión a Internet, sea móvil, iPad, smartphone, promete revolucionar el modelo de lectura en el reciente mercado de los ebooks, que entró en catarsis con la aparición del 0000ff;">iPad de Apple, 000000;">durante este año 2010. Con tres modelos de suscripción, free, premium y ecommerce, seguro no tardará en convertirse en el favorito de muchos lectores, que han descubierto sobre las ventajas de los ebooks.

Todos estos modelos de descargas de contenidos se han convertido en soporte para los diferentes anunciantes. Son soportes que targetizan al usuario cuando realiza la suscripción al formato deseado, y ello facilita mucho las cosas a los anunciantes. Son modelos de negocio que se sufragan con las suscripciones de pago, las conocidas como premium, pero sobretodo lo hacen a través de modelos publicitarios digitales, dirigidos a un sector muy concreto, con unos gustos definidos, de una ciudad o de otra, y que responden al formato de consumidor de contenidos digitales.

No dispongo de datos de número de usuarios en iTunes España, pero en Spotify somos cerca de tres millones de usuarios, que disfrutamos desde hace 20 meses de los contenidos musicales de cientos y cientos de artistas. Muchos de los cuales ya no optan por el único modelo de grabación de un CD, sino que se han embarcado en la producción digital de su obra, dejando el modelo de pago para los conciertos que ofrecen a lo largo y ancho de nuestra geografía, y del ancho planeta.

Crecimiento tecnologico

Al comenzar este post, son las 18.26 de la tarde, y junto a mi tres personas escriben mails y navegan por la red con smartphones en la línea 9 del metro de Madrid.
Hasta hace muy poco disfrutar de conexión a Internet en muchos lugares del mundo, era impensable. Nuestros padres decían que estábamos locos: si ya lo éramos hablando con un pinganillo por la calle, hacerlo bajo tierra era, cuanto menos, surrealista.
Ya no digamos si les hablábamos de mantener una conversación en avión, en tren o desde el otro lado del mundo, gracias a los avances de la telefonía móvil.

Sin ir mas lejos, cuando a finales de los 80 visite Polonia, Checoslovaquia y la antigua Unión Sovietica, solo comunicábamos con nuestras familias en caso de extrema necesidad. Para conseguir una comunicación, más o menos fiable, el tiempo mínimo de espera era de 30 minutos.

La celeridad en la evolución tecnológica es, hoy por hoy, bestial. No acaba de actualizarse una facilidad de un fabricante, cuando alguien, al otro lado del mundo, ya está desbloqueando esa facilidad tecnológica, para que otros muchos pueden utilizarlo. Tal es, por ejemplo, el caso del nuevo firmware que presentará en junio Apple, para su gadgets más populares, el iPhone y el iPad. A las pocas horas de presentar las bondades del iPhone OS4, y sacar la primera beta de desarrollo, ya había quien había conseguido desbloquearla, para su utilización en los primeros dispositivos iPhone, osea el 2G y el 3G.

La evolución tecnológica, además, ha llegado al mundo de los contenidos, donde las luchas fraticidas entre quienes siguen apostando por un modelo tradicional y quienes apostamos por un modelo de consumo de contenidos, son cada vez más dispares. Cuando a finales del siglo XIX, Ford fabricó su primer automóvil todo el mundo le llamó loco. Cuando Marc Vidal, en 2005 o 2006 predijo que el cambio en el modelo económico sería brutal, no sólo no le creyeron sino que le llamaron visionario o loco.

Hace unos días terminaba de leer “Todo va a cambiar” excelente publicación que Enrique Dans ha escrito para explicar a quienes tenemos poca idea de tecnología, como es el avance de todo en la vida, cómo la tecnología va a cambiar nuestra vidas, cómo la está cambiando; y, al escribir este post comprobaba, como en los dos años que escribo en mi blog, los cambios que ha tenido, han venido por los avances tecnológicos que escribia Quique Dans.

El desarrollo de diferentes modos de ver la vida, de diferentes formas de comunicación, apoyadas en avances muy profundos de la tecnología nos conducen hacia un lugar diferente, hacia un nuevo panorama, una nueva realidad. Quien no esté preparado para aceptar esos cambios, quien se resiste a mantener los viejos modelos, como los CD´s o DVD´s, sin detenerse a pensar que en el caso de los contenidos audiovisuales, los modelos que triunfan son los basados en la tecnología, en la escucha en cualquier lugar del mundo, sin necesidad de disponer de un receptor de música a la antigua usanza, llegará un momento que o cambia o quedará anclado en el pasado, como ya le ocurre a personas de nuestra generación, que no quieren entender ni comprender que los cambios son buenos.

Termino de escribir este post al compás de las notas de mi querido Chopin, sin necesidad de haber desempolvado el viejo tocadiscos que compró mi padre, simplemente con una conexión de adsl y una cuenta premium en Spotify puedo disfrutar de las maravillosas notas de su piano. Todo gracias a la tecnología.

en la semana de Ficod

El año pasado, por estas fechas, asistí, en calidad de responsable de publicidad de InteractivaDigital.com, a Ficod, como anteriormente lo había hecho a OMExpo, en Barcelona. Dos eventos diferentes, muy diferentes.

Ficod me llamó la atención por la variedad de ponentes, de mesas redondas, alguna de ellas insoportables como constaté con Albert Pujadas y Raul Escolano de Nikodemo; otras actividades fueron muy útiles para poner cara a algunos contactos de twitter, de Facebook, Xing o Linkedin; en definitiva Ficod de 2008 fue una grata experiencia, en la que contacté con posibles clientes para la revista, y pude hacer, eso que está hoy tan de moda, del networking.

OMExpo, celebrado en Barcelona, fue un evento donde tuve la oportunidad de conocer el estado de las empresas de marketing digital en Cataluaña y alrededores, en realidad fue un beta tester, porque era la primera vez que la gente de Eventos OME hacía un evento de un día en Barcelona. Fue tal el éxito, que en 2009 el auditorium del World Trade Center se llenó de público, empresarios, agencias, freelance, todos con el interés de ponerse al día sobre el estado del marketing online tanto a nivel local como nacional, e incluso internacional.

Hace unos meses, en previsión de la ingente cantidad de asistentes, hice la pre-inscripción de Ficod 2009: venía el director Kevin Spacey; Paul Brown director de estrategias de Spotify junto a su Country Manager, Lutz Emerich; la recien fichada por Tuenti Koro Castellanos; Bernardo Hernández de Google; gente de la TV online, de las plataformas musicales, del mundo de las agencias, tanto de publicidad como de medios; representantes de la banca, de la sanidad, de la administración pública; creadores de contenidos audiovisuales como Albert Pujadas, y un largo etcetera de profesionales del mundo digital.

Sin embargo, este año mi actividad profesional ha cambiado; estos eventos significaban una oportunidad de conocer a las personas más relevantes del mundo digital: no es que los conozca a todos, ni mucho menos, que nadie me interprete mal, pero…hoy mi actividad profesional ha cambiado.

El cambio de trabajo ha supuesto trabajar de otra forma, en la que la busqueda de clientes, en ocasiones choca con la asistencia a estos eventos, pero por una razón lógica: si asisto a estos eventos estoy dedicando tiempo de trabajo a asistir a conferencias, que sin dudar de su importancia, no entran dentro del foco profesional.

Hace casi un mes estuve en Barcelona en el OMExpo, pude hablar con algunos de los profesionales que asitieron; pero mi viaje era para ver a otro tipo de clientes, que entre sus prioridades no están los eventos: asisten a los mismos, pero en ocasiones para saber de nuevas formulas de negocio, o nuevas oportunidades para diferenciarse de sus competidores.

el streaming llega a la música

En una época en la que muchos de los artistas, españoles e internacionales, junto a las asociaciones, que dicen velar por los derechos de autor, han ido apareciendo diferentes sistemas de descarga musical. Descarga, que en una inmensa mayoría de ocasiones, por no decir en todas, se utiliza para el uso personal, y nunca para la comercialización de contenidos.

En muchos paises se han impuesto duras sanciones, no a quienes descargan contenidos con protocolos P2P, sino más bien a quienes han utilizado, o siguen utilizando dichos contenidos con fines lucrativos. Pero, como decía anteriormente, que no afecta a quienes descargamos contenidos musicales o audiovisuales para nuestro uso y disfrute.

Sin embargo, han ido apareciendo diferentes aplicaciones en el mercado, sobretodo musical, para disfrutar de la música de nuestros artistas favoritos. Todas, parece que tienen un modelos de negocio similar, los Lastfm, YesFm, las aplicaciones de emisoras de radio, o Spotify.

Yo creo que Spotify ha dado en el clavo del streaming musical; pero, ¿cómo? Muy sencillo, para la mayoría de los usuarios que utilizan Spotify, las canciones de sus artistas favoritos se sirven con un modelo mixto, en el que prima la música, pero también existe publicidad. Y aunque en ocasiones los anuncios publicitarios, o la dicción de los spots que nos invitan a acceder a una cuenta premium, no nos hayan entusiasmado, lo cierto era, que con una conexión, wifi o 3g, en nuestro desktop podíamos acceder a cualquier contenido musical.

Durante unos cuantos meses he utilizado una cuenta básica, comprobando que la variedad que ofrece Spotify es enorme, y que no debe envidiar a ninguna casa discográfica. Su modelo ha ido evolucionando, con el mercado, y ha provocado que puedas guardar con tu usuario las listas de música favoritas, para así escucharlas en cualquier lugar del mundo. A mediados de este verano, Spotify nos regaló una nueva perla, con los labels, para poder buscar música etiquetada, por ejemplo, de nuestra discográfica favorita.

Hace un par de meses, decidí acceder a una cuenta premium, tiene un coste, es cierto, pero ahora no hay publicidad en mis listas de reproducción. Podría parecer una torpeza, y sin embargo, pagar por un servicio de streaming musical con un bitrate tan potente, merece la pena, más si cabe, cuando………

Ayer, mejor dicho anoche, y después de una larga, pero bienvenida espera, el App Store de Apple aprobaba la aplicación de Spotify para el iphone. El salto de calidad es brutal. La aplicación tiene coste 0, y para acceder a todas sus características debemos tener una cuenta premium en Spotify.

Desde hoy, en nuestros iPhones podemos escuchar música de dos formas:

  1. En modo online, escuchando con 3G o wifi, conectados a la red nuestra música favorita, con la ventaja de sincronizar nuestras listas de la aplicación desktop en el iphone. Cada vez que busquemos una canción y la llevamos a una lista, habrá sincronización entre ambos dispositivos. Por tanto, tendremos una única aplicación, común, para los dos dispositivos.
  2. En modo offline, como podréis ver en el video, ahora podemos descargarnos nuestra canciones o listas, para escucharlas en modo offline. Cuando no tengamos conexión a la red, seguiremos escuchando nuestras listas descargadas en modo online, por ejemplo en nuestro iPod en un avión, en un tunel, o allí donde no llegue nuestra cobertura wifi o 3G.

El modelo de descargas está cambiando, como señalaba esta mañana, en “Los talibanes del copyrigth se van quedando sólos“, Enrique Dans, y, sin embargo hay mucha gente, que continúa temblando, porque piensan que con estos modelos, mucha gente dejará de comprar música, y proliferarán las descargas en redes P2P.

Qué equivocados están, mientras no dejen a un lado el mercado de las copias, en CD, DVD o Blueray, y reconviertan sus mentes prehistóricas, muchos seguiremos sufriendo los sermones que nos tildan de piratas musicales.

Cuando, en mi caso, me gusta una canción la suelo comprar en iTunes, y no pasa nada, me gusta una canción, no voy a pagar todo el disco. Y, si alguna vez descargo una canción, lo que ni por asomo hago, hacía o haré es vendersela a otro, como tratan de hacernos entender los señores, por ejemplo, de la SGAE, en España, o la BASCA (British Academy of Songwriters, Composers and Authors), en UK.