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El plan Bolonia

El proceso de Bolonia, iniciado en 1999 a partir de la Declaración de Bolonia firmada por los ministros de educación de la Unión Europea, es una declaración conjunta que, con tintes de convergencia, trata de facilitar el intercambio de titulados y adaptar el contenido de los estudios universitarios a las demandas sociales.

Esta declaración de Bolonia ha conducido a la creación del Espacio Europeo de Educación Superior, ámbito al que se han incorporado paises que, incluso no pertenecen a la Unión Europea, y servirá de marco de referencia a las reformas educativas que muchos paises deberán realizar en el siglo XXI.

Para muchos sectores de la sociedad, el Proceso de Bolonia comprende aspectos relativos a toda la reforma universitaria, incluidos los referidos a la financiación de la universidad pública, y tiene, evidentemente muchos detractores y opositores.

En España, entre la comunidad universitaria, el plan Bolonia trae de cabeza a los responsables de educación, no sólo del Gobierno central, sino también a los de las diferentes comunidades autónomas,  que tienen competencia sobre educación superior.

Tratar de aprobar leyes que regulen la educación, sea básica o superior, siempre, desde hace mucho tiempo, ha sido caballo de batalla y de discusiones en los diferentes ámbitos políticos y sociales de este pais.

Lo que no está muy claro, con independencia de la oportunidad o no del momento de la implantación del plan Bolonia, es si servirá o no para algo. Pero lo que no puede permitir este Gobierno, u otro, ni las Comunidades Autónomas, es que se repitan hechos como los de la semana pasada en Barcelona, a los que, por encontrarme en la Ciudad Condal trabajando, tuve oportunidad de asistir, con peligro en algún momento para mi integridad.

El plan Bolonia, u otro de cualquier naturaleza, no puede ser la piedra angular o de toque, para que cada vez que haya una protesta, los anti-sistema, los desalmados, los 200 cobardes de siempre, provoquen a la policía, que tiene la misión de evitar los desordenes públicos.

Lo de la semana pasada, protagonizada por los Mossos de Esquadra, la policía autonómica catalana y los anti-todo, no puede volver a repetirse; si bien las autoridades del ayuntamiento barcelonés deberían tomar medidas ejemplares con, por ejemplo, detenciones masivas de todos esos alborotadores, que una vez más, son los de siempre, porque son los mismos que boicotean las celebraciones del Barça.

Hoy por la tarde hay una manifestación, no autorizada, en Barcelona, que pretende recorrer las Ramblas para efectuar su protesta contra el Plan Bolonia. Concentración no autorizada que debe acabar con detenciones de los alborotadores, en cuanto haya el mínimo conato de violencia callejera, y no cómo los hechos de la semana pasada.

En otros lugares, como Cantabria, los encierros de estudiantes no acaban en la calle, de palos con la policía, sino que son atendidos por, incluso, el vicerrector, y dialogando. No echo la culpa a los estudiantes, pero con los anti-sistema hay que tomar medidas ejemplares.