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El valor del conocimiento

Hace ya algunos años asistí a la primera edición de los cursos de verano que, bajo el auspicio del extinto Banco Central y la Universidad Complutense de Madrid, se celebraban en la localidad madrileña de San Lorenzo de El Escorial. Durante varios veranos tuve la oportunidad de asistir a conferencias sobre muy variados temas, y nunca dudé de la profesionalidad, de quien, se acercaba, durante su periodo vacacional, a dar una conferencia sobre tal o cual aspecto, de la vida política, de la vida judicial, sobre ciencia, matemática, medicina u otra disciplina de candente actualidad.

En alguna ocasión los conferenciantes o los invitados. a estas ruedas de prensa, eran personajes que, sin ser los mejores conferenciantes, sin embargo por sus actividades estaban de candente actualidad. Recuerdo, allá por 1992 una rueda de prensa de Txema Montero, portavoz de HB, qué pago su osadía de acercarse hasta El Escorial, por parte de algunos de los asistentes, incluidos algunos militares, y personajes de la vida política y judicial que merodeaban por la citada comparecencia.

En la mayoría de las ocasiones los conferenciantes eran personajes de reconocido prestigio, tanto a nivel nacional como a nivel mundial. Pasados algunos años de aquellas primeras experiencias, cuando el auspicio correspondía a Caja Madrid, tuve la ocasión de ver a Baltasar Garzón en una de esas conferencias, años después de haberle conocido en la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense, donde me daba clases de derecho penal.

Sinceramente, en aquella época, pensé que este juez en algún momento correría la misma suerte que la fiscal Carmen Tagle, asesinada por ETA, y por suerte no fue así, pero siempre ha sido muy criticado por sus connivencias con la política, sobretodo en la época de Felipe González, con el tema del Plan Nacional Antidroga.

En España hay personas, nos caerán bien o mal, que por aportar un sentido diferente a la interpretación de las leyes, por aportar una nueva explicación del escenario social, por señalar los defectos y virtudes de un sistema económico, y en muchas ocasiones por aportar sus conocimientos a la industría, por ejemplo del marketing o la publicidad, resulta que, por su caché, por sus conocimientos y por lo que aportan, tienen una retribución.

En las últimas horas algunos medios de comunicación han publicado, como noticia de cierto morbo y escándalo, que el juez Baltasar Garzón haya cobrado 12.000 €, por una conferencia en Avilés. En este momento, el juez es juzgado, por gran parte de la clase política, como un juez que comete prevaricación al tratar de juzgar determinados hechos delictivos. Puedo estar o no de acuerdo con estos planteamientos, pero lo que Garzón hace fuera de su juzgado de la Audiencia Nacional, pienso que, puede ser público, pero no está hecho en forma de prevaricación.

Es más, muchos conferenciantes de otras disciplinas, cobrán “X” emolumentos por dar tal o cual conferencia, y nadie se escandaliza; pero cuando lo hace un juez, fuera del ejercicio de sus funciones de juez, entonces nos llevamos las manos a la cabeza.

El Presidente del Tribunal Supremo de los EEUU, el ex-presidente de un gobierno democrático, como José María Aznar, Felipe González o Bill Clinton, un experto empresario, como Steve Jobs o Bill Gates, un conocido empresario del mundo de la publicidad, como Lluis Bassat o Juan Luis Polo, o un experto en marketing como Enrique Dans o Manuel Alonso Coto, cuando se les pide asistir como conferenciantes en un foro de sus disciplinas, tienen un caché, el que sea, por el valor que aportan al conocimiento, qué manejan en sus profesiones. 

Entonces, en esas ocasiones, nadie pone el grito en el cielo: por qué… Porque aportan conocimiento, y sobretodo y más importante, un valor a sus palabras, que otros no podemos aportar. Hay quienes además, aportan valor al conocimiento todos los días, en sus blogs, y cuando salen al exterior, de la red, son considerados como gurus en sus materias.

Sin embargo con Garzón, y con otros muchos jueces, esto no ocurre. Conozco a algunos, de un bando o de otro, como les gusta hablar a los políticos, y cada vez que hablan en un lugar, sea público o privado, tienen que dar cuentas, de todo lo que hacen.

Garzón pidió una excedencia en la Audiencia Nacional para dar un curso en Estados Unidos, por ello le pagaron 40 millones de las antigüas pesetas. Si no ha declarado al fisco español esos ingresos, me parece muy correcto, y estoy de acuerdo, con que si ha cometido una infracción, la pague. Pero, en muchísimas ocasiones, y por razón de los conocimientos jurídicos que tiene, éste u otros jueces, darán conferencias o charlas en tales o cuales lugares, y si cobran “X” emolumentos por su aportación de valor, bien cobrados están.

Otra cosa, sería que, en el ejercicio de sus funciones, o dentro del tiempo dedicado a sus profesión, por la que se le pague, estuviese dando conferencias a mansalva, hinchando sus bolsillos, en vez de dedicarse a sus profesión, que en el caso de los jueces es pública.

Cuándo dejaremos la envidia aparcada en nuestras casa, cuando asistamos a una conferencia de un señor, que, por un lado nos aporta conocimiento, y por otro aporta valor al que ya tenemos. Si tenemos envidia, hagamos como ellos, formemonos, seamos los mejores, y demos conferencias, y si somos relevantes nos lo pagarán, sin duda, pero ellos se lo han trabajado durante mucho tiempo.

Finalmente, en nuestro pais, en el último operación triunfo, muchísima gente puso de vuelta y media, a un compañero de la profesión publicista, Risto Mejide. Se podrá equivocar en estar presente en tal o cual programa, en su actitud, o en sus formas, pero en este mundo los publicistas, los de marketing, aportamos muchísmo a la sociedad, y… si nos deben pagar por ello, que siga siendo así. Normalmente, aportamos muchísimo más valor y contenido, que todos aquellos, qué sólo se dedican a criticarnos en platos de televisión, o en diarios escritos, como bien hace Teddy Bautista de la SGAE.