Comunidad de Madrid

Huelgas: la polémica está servida

Esta mañana, como cada día, desde hace unos meses, llevó a mi hijo mayor, a SolSolito, la guardería de la Comunidad de Madrid cercana a nuestro domicilio, de la que no tengo ninguna queja. Hace unos días, concretamente hace dos semana, me encontré con un cartel, que indicaba que el día tal había huelga y los servicios mínimos serían del 25%. Hoy, 28 de noviembre, me he vuelto a encontrar un cartel similar: mañana 29 de noviembre huelga de nuevo.

Entonces no llevamos al niño a la guardería, con el trastorno que ello supone, a la hora de trabajar, pero preferimos no tener ningún tipo de problema. Mañana, sin embargo, llevaremos al niño a la guardería y, tal y como me han explicado hoy, una profesora cuidara de dos o tres clases. Si, en ocasiones, y lo sé por algunas de ellas no pueden con una clase de 8 niños de uno a dos años, como lo harán con tres clases, con 24 niños. Ahí empiezan mis temores.

Las guarderías de la Comunidad de Madrid son de pago, están subvencionadas, por el gobierno de Esperanza Aguirre, a quien tengo en muy alta estima. Pero, sinceramente, a los caraduras de los sindicatos no, no y no.

En un país con una crisis galopante, lo que debería estar limitado, de forma legal y tajante, es la ley de huelga, que no es sólo un día, pues en diciembre habrá nuevas movilizaciones, y de nuevo estaremos ante el mismo problema, como otras leyes que parece que sólo defienden al supuesto trabajador que no trabaja, o que sólo sabe quejarse.

Quienes trabajamos para empresas privadas, quienes lo hacemos como empresarios, freelances o autónomos, somos los que siempre pagamos el pato de quienes, piensan que sus derechos no están protegidos por el hecho de trabajar para la Administración Pública. !!!! Perdón¡¡¡¡ Hay muchas gente, que trabaja en la Administración y para la administración que se desloma, diariamente, para salir hacia adelante, y sacar de la forma más honesta posible a su familia hacia adelante.

La actitud de los sindicatos, en relación con el supuesto problema en la educación en Madrid, está llegando hasta niveles insospechados. Resulta que Esperanza Aguirre les limita sus derechos por ponerles a trabajar una hora más, pero no se acuerdan de las limitaciones que les impuso el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que les ha llevado a la ruina más absoluta, no a ellos, sino a todos. Limitar la actitud de los sindicatos es lo que debería hacer Esperanza Aguirre, y ponerles a trabajar de 8, 7 al día, y dedicarse a sus labores sindicales una o dos horas a la semana. Los sindicatos, que pagamos todos con nuestros impuestos y salarios, quizás, son los primeros que deberían desaparecer, en momentos como los actuales, en los que se hacen necesario arrimar todos el hombro en la misma dirección.

Estos sindicatos, los que hablan de que no haya recortes, son los mismos que no entienden que nada puede ser como antes, que la situación de la economía nos conduce hacia un nuevo ecosistema, en el que el estado del bienestar, ese que Rubalcaba y Zapatero decían que no se modificaría a la baja, tiende a convertirse en un estado de tratar de vivir con lo que tenemos, y no a vivir por encima de nuestras posibilidades, como ha pasado en los últimos años.

La educación que los diferentes gobiernos, como el de la Comunidad de Madrid, tratan de dar a sus ciudadanos no está reñida con nuevas fórmulas que hagan posible el copado u otra fórmulas en las que todos arrimemos el hombro. En otros tiempo la gratuidad de la educación fue el caballo de batalla que defendían los sindicatos, hoy, que en muchos centros es de co-pago, y no me quejo de ello, resulta que si hay que trabajar un poco más, con un recorte de salarios, todos a protestar, y de la forma que más fastidia al resto de la población: las dichosas huelgas.

Esta mañana he publicado un mensaje en twitter al respecto, y efectivamente, tal y como temía, se ha abierto la caja de los truenos. Algunos, cuando hablamos de los vagos, como algunos sindicalistas, que resulta que ganan una burrada, hablan de leyes como las de “vagos y maleantes”. Si existiesen leyes similares, el movimiento 15-M que comenzó en la red, no habría llegado hasta la situación que llegó, con gente acampada en Sol, que no tenían otra cosa que hacer esos días.