antonia solano

Antonia Solano, descansa en paz.

No he podido escribir este sincero homenaje hasta hoy, entre otras cosas, porque no me salían las palabras. De hecho a día de hoy me sigue pareciendo que despertaré una mañana, y ella estará allí, junto al teléfono atendiendo a los padres, a los alumnos, a los antiguos alumnos, a los jefes de día y, por supuesto, a sus hijos y a su marido Pepe.

Durante 30 años, la señora Antonia, como la conocemos quienes estudiamos en Los Olmos, se dedicó en cuerpo, alma y salud a querer a todos los alumnos que hemos pasado por allí. Detalles y anécdotas hay muchas, pero recordaré una en la que fui protagonista: allá por el año 83, me caí en el patio del colegio jugando al fútbol, me destrocé la rodilla, me tuvieron que dar 11 puntos, y la mayoría de los exámenes finales los hice en casa. Fue curioso que en el momento del percance, José Miguel hijo de Antonia y compañero de clase se desmayo al verme la rodilla abierta. Su madre habló en repetidas ocasiones con mi madre para saber de mi estado de salud. Le honra porque en pocos sitios he conocido una persona de su categoría humana.

La señora Antonia fue una persona de acción, nunca le escuché una queja, fue de esas personas que se dejan la vida entera en hacer bien su trabajo y en hacer felices a todos los que pasan a su lado. Su dedicación al Colegio, sin desantender la atención a su marido, Pepe Rico, conserje del colegio durante muchos años, a Ana, José Miguel y Manolo, sus hijos, debe servir de ejemplo a quienes pasamos por Los Olmos durante nuestras vidas.

He conseguido hablar con José Miguel por email, pues hace unos días iba a estar en Córdoba y hubiese sido un momento de vernos. No fue posible y le entiendo perfectamente. Cuando falleció mi padre hace ya camino de 8 años, me costó atender a las personas cuando se acercaban a consolarme.

Os dejo esta simpática instantánea de la señora Antonia junto a Pepe, su marido, conocido como el señor Rico, el día que se les impuso la beca del colegio, con motivo de su jubilación.

Antonia, mi querida señora Antonia, tuvo la oportunidad de estar en Roma hace unos años con mi madre, me vienen a la memoria muchas anécdotas de ese viaje que nos cuenta mi madre, y me queda el gustazo de haber conocido a una persona de un gran corazón, que seguro estará en el Cielo y en un lugar destacado.

Pepe, José Miguel, Ana y Manolo, vuestra madre fue un ejemplo en vida de como hay que ser madre, de como se trabaja y lo más importante, como hacer feliz a quienes te rodean, a quienes pasan a tu lado por la vida.

Gracias por las muestras de cariño, que siempre recibimos de ella durante tantos años. Descanse en paz.