alex de la iglesia

Libertad para acceder a los contenidos culturales

Esta mañana nos desayunábamos con el cierre de la plataforma “Megaupload” por parte del Departamento de Justicia de la Administración Obama qué, por otra parte, considera a los creadores de la citada plataforma como una asociación de criminales, que han provocado pérdidas de 600 millones de dólares a la industria de los contenidos, así como el enriquecimiento de sus miembros con más de 160 millones de dólares.

Las salpicaduras del cierre de esta web han llegado, incluso a España, al considerar el FBI, que el portal Series Yonkis pertenece a dicha plataforma, y por ende debía ser cerrado. Sin embargo, como podemos leer en la portada del portal español, nada tienen que ver con Megaupload:

La empresa Burn Media, S.L., titular exclusiva de dichas páginas desde agosto de 2010, en ningún momento ha tenido contacto ni relaciones comerciales de ningún tipo con Megaupload.
Megaupload es una empresa diferente y, por tanto, completamente desvinculada a los servicios de Burm Media, S.L. Por este motivo, cualquier reclamación por el cierre de la página deberá hacerse a Megaupload, que es la que ofrecía los diferentes servicios de hospedaje a los usuarios registrados.
En España, como en el resto del mundo civilizado, el problema se magnifica, con detenciones y cierres de páginas, desde un lado o desde otro, como ocurría esta mañana con Anonymus al hachear diversas páginas del gobierno americano. El problema como bien señala José Luis Orihuela, en eCuaderno, no reside entre los gobiernos y los piratas, la raíz del problema son las industrias culturales.
Desde hace bastantes años, las industrias qué, en principio, representan a los creadores de los contenidos culturales, se lucran de forma salvaje de esos contenidos, ponen precios desorbitados a los consumidores, haciéndonos pagar cánones, que luego son inconstitucionales, con sistemas anacrónicos de pago por uso de los contenidos. La industria del cine y de la música son los ejemplos más claros. La proliferación de portales, en los que se descargan dichos contenidos, no ya para venderlos, sino para consumirlos, ha sido un hecho durante estos últimos años.
El problema es que el ciudadano, de a pié, con acceso a internet, allí dónde se encuentre, con velocidades de vértigo, no está dispuesto a seguir pagando esas barbaridades por cualquier contenido que quiere consumir. Muchos músicos se han dado cuenta, que no necesitan, ni a las sociedades protectoras de sus derechos, ni a las grandes productoras, para llegar al gran público. Con pequeños sellos discográficos, con estrategias de venta en formatos digitales, con la realización de conciertos en condiciones, se han encontrado un nuevo panorama, en el que, incluso, algunos, cada vez más, utilizamos medios de consumo de contenidos culturales de pago, si si si, de pago, como Spotify, en los que podemos consumir los contenidos, sin necesidad de realizar descargas de contenidos en portales como los cerrados.
En la industria cinematográfica lo que ha ocurrido, lo que sigue ocurriendo, es sencillamente escandaloso, las grandes productoras junto con las sociedades de defensa de los derechos de propiedad intelectual de sus asociados, siempre unos poquitos, aquellos que tragan con todo, aunque cada vez son menos, han conseguido, que en países, como España, el consumo de productos españoles, haya caído hasta lugares nunca vistos, como se decía hace casi un año Alex de la Iglesia, al señalar que la industria del cine no debía tener miedo a Internet.
Hoy Alex se preguntaba, qué pasaría con los contenidos legales alojados en Megaupload. Y yo voy más lejos, dónde queda la libertad de expresión, dónde queda la libertad para el consumo cultural. Con cierres como los de anoche, en plataformas donde algunos o muchos pagaban por descargarse dichos contenidos, la libertad queda pergeñada.
Mientras la industria de los contenidos culturales no atienda a razones, seguiremos tratando de consumir contenidos, mediante descargas en portales como Megaupload, o utilizando diferentes portales de micropago, que no supongan un gasto, tan brutal, para que encima todo el pastel se lo repartan unos pocos.
Para acabar, si hay algún incrédulo defensor de las industrias de contenidos culturales con formatos tradicionales, que lea algunos de los artículos de hoy de Enrique Dans, muchos más clarificadoras que las líneas de este post.

por la defensa de los ciudadanos

En estos tiempos que corren, en muchos momentos del día, me siento desprotegido de toda acción del gobierno de este país: España. Unas veces porque los que gobiernan favorecen a unos ciudadanos frente a otros, como si los que vivimos, trabajamos y pagamos impuestos en Madrid fuésemos o estuviésemos hechos de otra pasta.

En otras ocasiones, el Gobierno con sus leyes absurdas, premia a determinados colectivos con leyes partidistas, oportunistas y de mal gusto, frente a quienes trabajamos emprendiendo, frente a quienes abogamos por la familia, frente a quienes defendemos la libertad de enseñanza o frente a quienes generan contenidos de calidad en el mundo del cine, de la música o la cultura, sin estar, por ello, sujetos a una siglas, del color que sean.

Anoche, me habría gustado asistir a la concentración que hubo en las puertas del Teatro Real de Madrid, en el que se celebraba la esperpéntica ceremonia de entrega de los Goya, que supuestamente premia aquellas películas y documentales aplaudidos por cada uno de los espectadores que acudimos cada semana a ver las historias, que fabrican directores, productores, guionistas, maquilladores, actores y un sinfín de personas, para ocupar nuestro tiempo de ocio.

Desde hace muchos años, no se si 25 he seguido esta ceremonia, pero últimamente, desde hace tres o cuatro años, me han parecido una pantomima, una representación burda a favor de unos pocos, defensora de intereses políticos e intereses de unos pocos, por quienes no puedo sentirme representado.

En esa manifestación ciudadana, maticemos los de manifestación, porque no nos autorizaron a manifestarnos, ya se sabe quien aprueba las manifestaciones en Madrid, la delegada del Gobierno, fiel servidora de las consignas de Zapatero y González-Sinde, ni estábamos 5 o 6, como seguro señalarán algunos medios, ni estábamos sólo los internautas. Detrás de cada una de las caretas de Anonymus, estamos muchos ciudadanos, muchos internautas, que abogamos por una oferta de contenidos real, sin cortapisas, sin manipulaciones y sin leyes-trampa, como al Ley Sinde, que más que defender a los autores de contenidos, lo que tratará de hacer es machacar a todo aquel que haga enlaces, en blogs, en Google o en las redes sociales, por el mero hecho de hacer una reseña de los mismos.

La ley Sinde no defiende a los creadores de contenidos; es una ley más propia de sistemas políticos más parecidos al totalitarismo, más parecido a regímenes del estilo de la Venezuela de Chaves, la Bolivia de Evo Morales o la Cuba de Castro. La ministra González-Sinde siguiendo las consignas del lobby americano trata de colarnos, en una disposición metida con calzador en una Ley, la supuesta defensa de los autores de contenidos.

Y no, no es así. Esa disposición pretende defender a unos pocos, pero en ningún caso los derechos de los consumidores, quienes finalmente son los que pagan el cine, mejor dicho, los que ya no pisarán un cine, un teatro o comprarán discos de “artistas”, que como Alejandro Sanz, se permiten el lujo de decir que los internautas le robamos de lo que come, después de ver la pedazo de mansión que tiene el artista.

Anoche no pude asistir a la concentración de Anonymus, pero me sentí representado por todos los que allí estuvisteis, pasando frío y mojando vuestras cabezas, en el convencimiento de la defensa de los consumidores, en definitiva defendiendo a los ciudadanos, de bien, que en este país no nos sentimos arropados por alguien que no hace leyes para la ciudadanía, sino para unos pocos, y para salvar el culo.

Tampoco vi la ceremonia de entrega de los Goya, pero no era problema, porque hoy, gracias a Gabriel Molino he disfrutado del discurso de Alex de la Iglesia, un director del que algunas películas me gustan y otra no, pero que al menos, sea el Presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias cinematográficas de España, enlace que por cierto sigue caído a estas horas,  o sea porque es un ciudadano más, ha sido de los pocos que ha levantado la voz, para defender, a quien realmente hay que defender, porque no lo olvidemos, como decía en su discurso,

si no defendemos a aquellos que viene a ver nuestras películas, finalmente, la industria del cine pasará a mejor vida

Decía Alex, que estamos en un momento en el que sin público no son nadie, y que la crisis, las acción ha provocado el cambio de las reglas del juego: Internet es el presente, forma parte de nuestras vidas.

Los internautas somos ciudadanos que defendemos un modelo de consumo diferente, que visionamos películas en la pantalla de nuestro ordenador porque la industria del cine no nos concede una oferta de contenidos en condiciones.

La entrada de una ministra de Cultura, en la gala de entrega de los Goya, abucheada como lo fue ayer, González-Sinde, no tiene precedentes, pero es a lo que deben ir acostumbrándose. Los ciudadanos no tenemos miedo, no nos van a callar, ni los que gobierna ni los que vendrán.

Y, como bien señala, Enrique Dans, al terminar su post de hoy, una clase política que no defiende a los ciudadanos, no merece ningún respeto por parte de estos, y el mejor modo de demostrarlo es en las urnas, en los próximos comicios, locales o nacionales. A mi, ya no me vale el dicho “es que no hay otro”, en clara referencia a votar al PP.

Lo siento, y tengo amigos en ese partido político, porque la hipocresía que han demostrado al apoyar este disposición trampa escondida en la LES, sinceramente apoya las tesis del gobierno, las tesis de las Sociedades de Gestión de contenidos y los dictados del gobierno americano, y no significa, otra cosa que una bajada de pantalones en toda regla.

Se que este post, me creará ciertas enemistades, no me importa, estoy cansado, como muchos otros, de los ataques a la ciudadanía con leyes que no van a ningún sitio, y que sólo persiguen salvar el culo de unos pocos, no de todos aquellos que les votamos.

Los ciudadanos de este país, dispongamos o no de Internet, no nos vamos a callar, y seguiremos en nuestra cruzada por lograr algo mejor para nuestros hijos.