familia

10 años sin ti.

Dicen que hoy es “Blue Monday”, el día más triste del año. Debe ser casualidad, sigo pensando que es mera coincidencia.

Los 19 de enero, desde hace 10 años, es un día de muchos recuerdos. Mi padre se nos fue este día de invierno del año 2005. Hacia frío como hoy, aunque la noche anterior no había nevado, como si ha pasado hoy. Ayer estuvimos casi todos los hermanos celebrando el 75 cumpleaños de mamá. Nos acordamos mucho de ti. Yago celebró Misa para ti, y alguna lagrima saltó.

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Hoy, 10 años después, soy consciente de cuántas cosas nos enseñaste en la vida: a ser buenas personas, a ser buenos profesionales, a querernos todos a pesar muchas veces de las circunstancias, a ayudarnos unos a otros, y, sobretodo, a tener muy presente, que a pesar de las circunstancias, siempre trataste de hacernos felices a todos.

Hoy, como el 19 de enero de 2005, es una día para recordarte especialmente, aunque en casa lo hacemos todos los días. Tu nietos, que no te han conocido, muchos días preguntan por ti. Cuando ven tus fotos se emocionan y me emocionan. Tengo una familia maravillosa, lo que tu siempre quisiste que tuviésemos. Hoy nos acordamos de ti, de tus risas, de tus comentarios, de tus caricias, de tus enfados también, aunque siempre muy pocos y de tu faceta profesional, siempre amigo de tus amigos, y profesional donde los haya.

Esta mañana mientras salía de casa para llevar a los niños me han venido a la mente esta melodía. Descansa en paz papá.

Tú nos dijiste que la muerte

no es el final del camino,
que aunque morimos no somos,
carne de un ciego destino.

Tú nos hiciste, tuyos somos,
nuestro destino es vivir,
siendo felices contigo,
sin padecer ni morir.
Siendo felices contigo,
sin padecer ni morir.

Cuando la pena nos alcanza
por el hermano perdido,
cuando el adiós dolorido
busca en la Fe su esperanza.

En Tu palabra confiamos
con la certeza que Tú
ya le has devuelto la vida,
ya le has llevado a la luz.
Ya le has devuelto la vida,
ya le has llevado a la luz

Cuando, Señor, resucitaste,
todos vencimos contigo
nos regalaste la vida,
como en Betania al amigo.

Si caminamos a tu lado,
no va a faltarnos tu amor,
porque muriendo vivimos
vida más clara y mejor.
Porque muriendo vivimos
vida más clara y mejor.

Ocho años

En unos días hubieses cumplido setenta años,
Ocho años sin tu presencia, a veces, se hacen eternos
Te fuiste después de luchar por nosotros,
Y hoy te dedico estas palabras.

El 19 de enero dejaste de sufrir
Un 19 yo me case
Tus nietos saben que eres su abuelo
Enrique y Regina lo dicen así.

Se me hace difícil expresar mis pensamientos,
Pero aquí estoy, un año más.
Tu hijo mayor te echa de menos,
Y tu hijo pequeño no entiende porque no estás.

8 años han pasado ya, gracias por lo que me diste,
Y por lo que me habrías dado hoy.
Mi familia reza hoy por ti,
Gracias por haberme dado la vida.

Enrique, Regina, Enrique jr, Regina jr y Yago, rezan por ti.

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Vivir y ser feliz

Me ha costado escribir esta entrada porque escribir sobre personas requiere tiempo, esfuerzo y decir con palabras concretas aquello que fluye del corazón, poniendo a Dios en el medio de todo lo que nos pasa, aunque a veces salga a relucir la queja humana: pero como me haces esto a mi Señor.

Si vives en Madrid, o si sigues las noticias de nuestra ciudad, es posible que, hace tres semanas, leyeses sobre un accidente, un incendio, que se produjo en la M-30, la circunvalación que recorre Madrid. En uno de sus accesos, el que viene de la A-3, carretera de Valencia, en una de sus galerías, se produjo el incendio de unas pilas que proveen de luz a casi todo el túnel de circunvalación.

Sergio, un ingeniero al que le gustaba su trabajo de mantenimiento en los túneles, estaba con un compañero en otra galería anexa a la del incendio. Finalizados los trabajos de extinción, accedió, como era habitual a su zona de trabajo, para desarrollar los trabajos oportunos. Horas después del incendio, pocos minutos después de hablar con su mujer, Mari Carmen, falleció por asfixia, por inhalación de gases tóxicos.

Sergio es el hermano pequeño de Rocio, una de mis cinco cuñadas. Sergio es el hermano de David, a quien conocí hace ya muchos años. Sergio, hermano de todos sus hermanos, era una persona que había disfrutado, a sus 36 años, de todo lo que se había propuesto hacer en la vida: saltar en paracaídas, participar en un club de 4×4, casarse, tener una hija maravillosa, y en este momento esperar otro hijo.

Para mi cuñada y mi cuñado ha sido un palo tremendo, algo inexplicable; mi cuñado y Sergio se tenían un cariño especial: a los dos les encanta el campo, y las dos veces que les vi charlar juntos, sus ojos irradiaban felicidad.

Las próximas Navidades serán diferentes, porque Sergio ya no está, porque con su presencia y su buen hacer hacía felices por unos momentos a todos los que estaban a su alrededor.

En estos días he hablado algunas veces con mi cuñada: de verdad, como le dije en un mensaje hace un par de semanas, que suerte he tenido de conocer a esta familia, la de mi mujer, la de mi cuñada. En muchos momentos en los que lo difícil era decirse algo, ellos sin embargo me han dicho, hay que seguir adelante, que es verdad, pero con alegría, porque es lo que Sergio quería, ver alegría a su alrededor.

Ha pasado casi un mes desde que me propuse escribir esta reseña. Y la verdad ha sido, con diferencia la que más me ha costado en el tiempo. Sergio, seguro estarás en el Cielo, porque sino no se entiende tu felicidad y tu sonrisa permanente. Mari Carmen, si algún día lees esta esta entrada, te lo dije el día del funeral, lo que necesites, sabes donde estamos; en esta familia no es un decir porque siempre que alguien ha necesitado algo, todos habéis estado al quite.

Descansa en paz Sergio

Una gran lección.

Hace muchos años, 25 posiblemente, conocí a Miguel, un chico fuerte de las Rozas, tiene 4 años menos. Tanto él como su familia,  son 9 hermanos, siempre han sido muy admirados. Hoy te traigo una reflexión un tanto larga, publicada  en la web Conelpapa, que debería hacernos reflexionar sobre la importancia de la vida humana, en todos sus momentos, sean cuales sean nuestras circunstancias. Te animo a leerlo, y si te emocionas buena señal: cada vez que veo a Miguel, a cualquiera de sus hermanos o a sus padres, tengo un sentimiento de gratitud por la oportunidad de haberles conocido.

Te dejo con la historia de Miguel Nocito:

Miguel ha tenido mucha más suerte que Terri Schiavo. Vive  en una casa de Las Matas, en  Madrid, rodeado del cariño de ocho hermanos y unos padres que, tras quince años de duro esfuerzo, han conseguido crear a su alrededor un clima no sólo de normalidad, sino de verdadera alegría. En la casa de los Nocito, uno no tiene la sensación de que haya un problema. Es más, se lo pasan  muy bien: nunca falta jaleo, risas, bromas… tanto, que dan ganas  de quedarse.
Miguel es el segundo de nueve hermanos, y el sexto de ellos, Alejandro, es autista. Su madre recuerda emocionada que cuando Miguel tenía apenas 14 años, habló muy serio con sus padres, y sabiendo que el futuro de su hermano Alejandro les preocupaba enormemente, les dijo que ya no tenían por qué preocuparse. Él  mismo se encargaría de su hermano cuando ellos faltasen. Su madre, Sonsoles, recuerda ese momento con especial admiración hacia su hijo. Pero Dios tenía otros planes para Miguel, para su padres, Jesús y Sonsoles, y para sus ocho hermanos. Un exigente plan de amor, generosidad y sacrificio, que, gracias a la unión de una familia, han sabido llevar adelante con una increríble naturalidad.
Cada día en la casa de los Nocito Muñoz es un canto a la vida. Más que un canto, es un grito fortísimo, que nos ofrece a los que asistimos perplejos a su rutina una bocanada de aire fresco. Un respiro que ensancha el alma, sobre todo en estos días en que se premian películas homicidas o, peor aún, en que se deja morir de hambre y de sed a una mujer que se encuentra en las mismas circunstancias que Miguel.
En una luminosa habitación del chalé, con dos amplios ventanales, nos encontramos un joven fuerte, con buen color y con unos grandes ojos verdes, echado en una cama articulada. Miguel no se mueve, pero su expresión agradece cada muestra de cariño. Se ríe cuando sus hermanas le gastan bromas.

El accidente
Miguel tuvo un accidente de moto hace quince años, cuando apenas era un chaval de  dieciséis. “Acababa de volver del colegio”, recuerda su madre. “Estaba preparándose la merienda cuando un amigo suyo vino a traerle unos apuntes y Miguel lo acompañó hasta la puerta. Al ver que había venido en moto, se la pidió para dar una vuelta por la urbanización. Era el mes de diciembre, a las seis y veinte de la tarde. A200 metros de casa había un camión atravesado.

Miguel no lo vio y se dio un fortísimo golpe, sobre todo en la cabeza”. Sus padres se enteraron cuando los llamaron desde el hospital. Miguel tenía el cerebro inundado por múltiples hemorragias. “Desde un principio nos dijeron que no iba a sobrevivir. Nos propusieron donar sus órganos. Estaba en coma profundo, con ventilación asistida, hasta que, para evitar infecciones, decidieron hacerle una traqueotomía”.
Miguel permaneció ingresado durante tres meses que “fueron durísimos, aparte de por la situación, por el trato recibido en el hospital, donde encontramos bastante incomprensión y ninguna caridad”.

Aunque los médicos se lo desaconsejaban y los advirtieron de que no viviría mucho tiempo, sus padres prefirieron encargarse de su cuidado. “Decidimos -explica Sonsoles- traérnoslo a casa, para que muriese aquí, rodeado de su familia y en su cama”.

Quince años después  sigue en casa, para sorpresa de los médicos. Su supervivencia no es fruto del azar o del destino. Es, sin duda, fruto de la entrega de una familia que no le deja ni a sol ni a sombra, volcada en el cuidado de su hermano porque “la dignidad de Miguel sigue siendo la misma, y su vida, igual de digna”.

“Desde el primer momento los hermanos se volcaron con él. Nunca estuvo solo. Todos hacían turnos para estar con él y con Alejandro”. Incluso Macarena, “que entonces tenía cuatro años, por las noches le contaba cuentos para que se durmiese”. Desde el primer momento todos intentaron vivir la situación con la mayor normalidad posible, “con un Miguel distinto, pero con un Miguel que seguía siendo hijo de esta familia, que seguía ocupando su sitio y que seguía participando, dentro de su situación tremenda y dramática, de todas las actividades de la casa”. Así, por ejemplo, cada domingo después de comer, “él estaba con nosotros en su silla de ruedas, hecho un guiñapo, pero con la familia, como uno más”.

Participa como uno más

Un ejemplo de lo partícipe que le han hecho del día a día y de los acontecimientos familiares fue la boda de su hermano Borja. Se celebró en el santuario de Torreciudad, Huesca, y para que su hermano no faltase, instalaron un sistema de videoconferencia en su habitación que le permitía seguir la ceremonia como si estuviera con su familia en la iglesia, a más de cuatrocientos kilómetros. A pesar de la distancia, Miguel no se quedó sin fiesta. Mientras sus hermanos celebraban el banquete, en casa de los Nocito todos los amigos de Miguel le acompañaron durante la ceremonia, vestidos con sus mejores galas. Incluso un sacerdote repartió la comunión en el momento oportuno a quien la quiso. Y tras la ceremonia, banquete.

“Fue una de las condiciones de Borja para casarse”, comenta Sonsoles, “que su hermano estuviese presente y lo celebrase con nosotros”, como así fue.

En el trato que tienen sus hermanas con Miguel se percibe esa naturalidad con la que sus padres  han querido asumir la situación. Para muestra, un botón protagonizado por la sobrina mayor de Miguel: “María tenía tres años todavía. Un día que pasaba junto a su cama vio que se le caía la baba. Entonces se acercó, se puso de puntillas, porque no llegaba, y con el trapito que tiene Miguel sobre el hombro le limpió y se fue como si nada. Nadie le había dicho que lo hiciese, pero como ha crecido viendo a su tío así, y a los demás cuidando de él, pues ella lo hace como la cosa más normal”.

Pero esta situación no está, como es lógico, privada de momentos de durísima tensión. Miguel no hizo un solo gesto durante los primeros cuatro años de coma. En casa le trataban como si entendendiera todo lo que le decían, sin obtener ningún tipo de respuesta. Sus hermanos, ya desde entonces, hablaban mucho con él y le gastaban bromas. Se ocupaban además de que fuera siempre como un pincel. Incluso le pedían a su madre que la ropa de Miguel fuera de marca y que llevara la mejor colonia. Le querían ver siempre bien guapo.

De pronto, un día dio la primera señal de “vida interior” de manera fortuita. “Estaba viendo en la tele a José Luis Moreno, cuando el cuervo Rockefeller dijo eso de “¡toma moreno!”, y Miguel esbozó una pequeña sonrisa que sólo vio la enfermera.” Al día siguiente, a la misma hora y viendo el mismo canal, estaba toda la familia pendiente no de Rockefeller, sino de Miguel. Efectivamente, al soltar el cuervo su peculiar “¡toma moreno!”, Miguel volvió a esbozar una leve sonrisa, “con lo que ¡os podéis imaginar la alegría!”, recuerda Sonsoles sin poder contener la emoción, “¡lo pesados que estuvimos  toda la familia con el “toma moreno” día y noche durante no sé cuánto tiempo!”.

Para su madre, que Miguel se ría quiere decir que es feliz, y “aunque haya gente que piense que es poco haber conseguido sólo que se ría, para nosotros es un mundo. ¡Yo echaba tanto de menos su risa, la de un chico grande, fuerte, que cuando se reía, lo hacía con todo el cuerpo!”. Por eso Sonsoles le pedía a la Virgen durante aquellos cuatro años de gesto impasible y mirada perdida: “Madre mía, ¡por lo menos que se ría!”.

¡A comer!

Cuando los médicos vieron que Miguel gesticulaba, no daban crédito. “Cada día en esta casa durante los últimos quince años ha sido una lucha. Pero cada noche doy gracias a Dios porque es una batalla ganada al tiempo”. Su madre lo dice orgullosa, porque, después del accidente, se llevaron a Miguel a morir a casa, y quince años después, no sólo no ha muerto, sino que es capaz de sonreír. También han conseguido que sea capaz de tragar, incluso las enormes pastillas que toma diariamente, por lo que no le es necesario el uso de sonda o mecanismo alguno. Aunque también costó lo suyo, y el milagro de la alimentación se fraguó porque su madre se empeñó.

“Empecé dándole una puntita de yogur, y sólo con eso se ahogaba. Pero poco a poco iba aprendiendo. Luego, puntita y media, dos puntitas, un yogur entero. Así durante año y medio, y al final, come cuatro veces al día”. Al eliminar la sonda de alimentación, eliminaban un foco de infección, con lo que mejoraban la calidad de vida de Miguel, al que “le encanta comer”, sobre todo los postres. “Cuando hago natillas, os aseguro que se le hace la boca agua, y si preparo crema catalana, es el no va más. No queremos privarle del placer de comer, y aunque ha costado, estamos encantados”.

Sonsoles explica que es importante que Miguel experimente sensaciones distintas y lleve una vida lo más normal posible. “Le sacamos a pasear por la mañana y por la tarde, durante más de una hora, para que le dé el aire y le haga lagrimear, para que si llueve, note el agua en la cara, para que le dé el sol, para que le saluden el guarda, el obrero, el vecino…, para que oiga a los coches pasar”. En definitiva, “para que tenga las sensaciones, perciba los olores y oiga los sonidos igual que todos, de manera que su vida, dentro de lo que cabe, sea lo más normal posible”.

En verano se bañan en la piscina con él, “y eso ya es el placer total”. En un bordillo han instalado una polea con motor eléctrico. Ahí enganchan a Miguel y le meten en el agua con cuidado… o sin él: en ocasiones le cogen entre dos hermanos y se tiran a bomba los tres juntos e incluso le hacen “aguadillas”.

Pero fuera de la casa de Miguel, donde estando en coma recibe todo el cariño y  las atenciones de su familia y es considerado como uno más y no como un pobre enfermo, sus padres y hermanos son testigos del avance de una cultura en la que su hermano no tiene cabida. Es la cultura de la muerte. Esa que hace películas en la que el bueno es el que asiste a un suicida, o un asesino. Peor. Son testigos en la distancia de la lenta agonía de Terri Schiavo, que, privada del alimento que ella misma no se puede suministrar, como Miguel, muere lentamente con el beneplácito de su marido, de la pareja de su marido y de un juez sin escrúpulos.

Estas situaciones las viven en casa de Miguel con especial dolor, como cuenta Sonsoles: “Lo de Terri es un asesinato. Anoche estuvimos hasta las tres de la mañana hablando con mis hijos del tema, y nos dimos cuenta de que el caso Schiavo es como si nosotros ahora nos negásemos a darle de comer a Miguel”. Aclara que “si nadie les da de comer, tanto a Terri como a Miguel, morirán de inanición y de sed, pero no de ninguna enfermedad”.

La mentira del cine

Sobre algunos acontecimientos recientes, afirma que “lo que está pasando con la película Mar adentro y con Million dollar baby es un canto a la eutanasia que a nosotros nos duele”. Entre otras cosas, porque “lo intentan vender como natural, cuando lo natural es lo que yo tengo ahí en esa habitación -la de Miguel-, una persona con toda su dignidad, exactamente la misma que tenía antes del accidente, con todo el derecho del mundo a tener una vida digna”. Para estas personas, añade Sonsoles, una vida digna es tenerlos “bien aseados, bien cuidados, rodeados de todo el cariño posible, que es lo que necesitan”. Finalmente, Sonsoles sentencia convencida: “¡Que no me hablen de muertes dignas! ¡Que me hablen de vidas dignas!”.

Guiomar, de veintiséis años, dice que se sienten “unos privilegiados por ser en casa tantos hermanos para ayudar”. Los hermanos aprendieron a sentirse privilegiados cuando, como premio, sus padres los enviaban de campamento con minusválidos, para poder cuidar a otros que, a diferencia de Miguel, no tenían quien los cuidase. Dicen que así se daban cuenta de la suerte que tenían de poder estar cuidando tan bien a Miguel.
Aunque a Guiomar no le guste oírlo, merecen la enhorabuena por haber aprendido a sonreír a la vida y a ser felices en circunstancias difíciles.

 

Una vida en coma es una vida

Parece que la palabra “enfermo” produce en la sociedad un rechazo que nubla la claridad de lo que implica “ser persona”.

Quisiera mandar todo mi apoyo a Terri Schiavo, cuya vida no es menos valiosa por estar en la situación en la que se encuentra. Tengo 26 años; uno de mis hermanos tuvo un accidente de moto y se encuentra en una situación muy similar a la de ella, y como familiar que vive día a día con él, quiero rebelarme ante esta “cultura de la muerte”, que tiene sus orígenes en una falsa compasión y parece basarse más en razones económicas que en principios morales.
Estimado lector: a todos los miembros de mi familia se nos encoge el corazón al ver cómo este tema es tratado por los “dioses del poder mediático y político”… con teorías. Queremos más medios, más facilidades para favorecer la vida del enfermo, más respeto y menos opiniones que no aciertan con la realidad.
Queremos gritar un “¡sí a la vida!” por los que no pueden hacerlo.

Guiomar Nocito Muñoz

Nosotros no podríamos vivir sin él
Tengo 21 años. Soy la séptima de 9 hermanos. Mi hermano Miguel está en la misma situación que Terri Schiavo. La única diferencia es que mi hermano, tras mucho esfuerzo por parte de mis padres y de las enfermeras que le cuidan en casa, come por boca. No habla, no sabemos si es capaz de fijar la mirada, no anda… pero vive. Sí, vive. Mi hermano es capaz de sonreír. Si le cuentas un chiste, la carcajada es tan grande que se le ilumina la cara. Si le duele algo o está molesto, se le nota como si se estuviera quejando a gritos.

Nuestras vidas no serían lo mismo sin él. Aunque se encuentre en esta situación, no le deseo la muerte. Pienso que está sufriendo, pero como muchas otras personas en el mundo. Vivir es sufrir y si él tiene que morir, tenemos que morir todos. Miguel es el punto de unión de mi familia.

Cada vez que entramos en casa, lo primero que hacemos es ir a su cuarto para darle un beso y decirle que ya hemos llegado. Todo está organizado de tal forma que siempre hay alguien cuidándole, contándole cosas… Sus amigos del colegio, ya casados, vienen a visitarle con mucha frecuencia. Ninguno de nosotros podría vivir sin él y supongo que a la familia de Terri le pasa lo mismo. No puedo evitar sentirme identificada con ellos. Ella está viva y privarla de alimento es un asesinato. Los bebés no pueden alimentarse por sí mismos, muchos ancianos tampoco… “no merecen vivir” No digáis  “muerte digna” cuando queréis de cir “quitar un peso de encima”.

Sonsoles Nocito Muñoz

 

Testimonios

Yo he sentido lo que se vive en casa de los Nocito, he visto la alegría de esa casa, la alegría de Miguel, la serenidad de los padres y hermanos, la convivencia normal que rige ese hogar. En su día se lo dije a varios hermanos de Miguel, pero ahora me gustaría hacerlo público: estoy absolutamente orgulloso de la familia Nocito Muñoz, un ejmplo para todos, especialmente en esta sociedad en la que impera quitarse los problemas de encima, aún cuando se trate de una vida humana. Seguid con ese ánimo siempre! Sabeis que os deseo lo mejor. Fernando Sanz 01/04/2005

Estoy llorando como una idiota delante del ordenador, y soy la hermana del protagonista… Me ha emocionado mucho, revivir todos los momentos que cuenta el reportaje, hacer memoria y dar me cuenta de todo lo que nos ha pasado en estos 14 largos años. No ha sido facil, pero hemos salido adelante, “cómo vamos a tirar la toalla con la madre que tenemos” Tiene una fuerza que deja atrás al mayor de los héroes de ficción. Su vida entera ha sido dedicada por entero a MIguel y aun así no ha descuidado al resto de sus 8 hijos. Todos estamos perfectamente. Creo que leer esto me ha ayudado a valorar la labor de mi madre que no es ni muchos menos facil, y la tía sigue con una sonrisa de oreja a oreja… Gracias mamá por todo lo que haces por nosotros, en el fondo la alegria que se respira en casa es gracias a lo que nos has enseñado y al ejemplo que nos das. Carola Nocito 01/04/2005

 

20 de mayo de 2012

Cada año que pasa veo las cosas con mejor perspectiva: hoy he cumplido 42 años y ha sido un día diferente a otros años: la diferencia ha sido como son las cosas hoy y como fueron antaño…

Hoy, nada más despertar con las palabras de mi hijo mayor, he recordado que cumplía años, y como ocurre desde hace algunos, 7 concretamente, mi padre no estaría, ni me llamaría. Sin embargo, su ausencia, todos los días desde hace cinco años, la suplo con la persona mas maravillosa que tengo a mi lado, Regina, y despertar cada día oyendo a mis hijos significa la fuerza necesaria para mirar hacia arriba y dedicarme en cuerpo y alma a mi mujer y a ellos.

No ha sido un cumpleaños más. Me siento joven, estos años no pesan, todo lo contrario me ayudan a vivir con alegría, tratando cada día de hacer felices a los que me rodean.

Ya escribo esta entrada, cuando va terminando el día, porque quiero agradecer las llamadas de mi madre, mi hermano que vive en Murcia, del que vive en Madrid y del que aun no me ha llamado, porque con 5 hijos tiene mucho que hacer. Las muestras de cariño en Facebook de muchos amigos que han tenido el detalle de enviarme una felicitación, unas palabras.

Y quiero finalmente agradecer a todas las personas de la familia de mi mujer, que me hayáis llamado, que hayáis estado en casa, que hayáis enviado mensajes por whatsapp, por email o por SMS y felicitaciones por twitter o Facebook, porque desde que os conozco, siempre me habéis demostrado un cariño, que os agradezco de verdad. Hay fechas en mi vida, que son difíciles para mi, y desde hace 5 años he contado con vuestras palabras de animo, con vuestras conversaciones y con vuestro saber estar.

Quizás hasta hoy no os había dado las gracias y hoy, 20 de mayo, el día de mi aniversario de nacimiento, me parece una excelente fecha para hacerlo.

Gracias finalmente a mi madre, por haber dedicado su vida a sus hijos, gracias por tu educación y por tus palabras cada día de mi vida.

Finalmente no he podido asistir al concierto de Coldplay, las entradas se agotaron en minutos, pero todos vuestros detalles de cariño suplen el no poder asistir.

Cada 19 de enero

Hace, hoy, siete años, que mi padre dejo de estar entre nosotros. Para quien os escribe, desde entonces, es un día complicado. Todos los días, y más desde que tengo hijos, me acuerdo de él, pero hoy, ha sido diferente, cada 19 de enero es diferente. Esta mañana, al dejar a mi hijo mayor en la guardería, me han venido muchos recuerdos de hace 40 años cuando él nos llevaba al colegio en su Seat 600 amarillo, más tarde en su Citroën 2CV, y después en alguno de aquellos automóviles que tanto le gustaban.

“Cuando tengas hijos”, me lo decía en repetidas ocasiones, te darás cuenta de muchas cosas. Es cierto, no nos da la vida para echar la vista atrás, y sin embargo, en días como el de hoy, en situaciones económicas como las actuales, le echo de menos. Por una parte es un sentimiento de agradecimiento por haberme dado la vida y por otro es una congoja, al recordar sus últimas horas en este mundo, que coinciden con la hora en que escribo esta entrada.

Hasta hoy, 19 de enero, no había re-estrenado el blog, y echo de menos, el ponerme un par de horas a escribir sobre tecnología, marketing, nuestros clientes, vivencias de quién os escribe. 2012 ha empezado diferente, pero sabía que de hoy no podía pasar.

Cada 19 de enero ocurren cosas especiales y éste no ha sido diferente. Va por ti, papá!!!!!!!

Buena nueva

El año pasado por estas fechas, en concreto el 17 de julio, nacía mi primer hijo, Enrique, al que algunos habéis podido ver en mi perfil de Facebook, con ciertas limitaciones, en cuanto al acceso de quienes por un motivo u otro tengo contacto en esta red social.

Anoche, 28 de julio, nació nuestro segundo hijo, una preciosa niña, a quien ya llamamos desde muchos meses atrás Regina.

Entonces me propuse escribir un post sobre el nacimiento de nuestro primer hijo, pero ha pasado un año y lo hago ahora con el segundo.

Algunas personas, que a estas horas, nos han felicitado a través de las redes sociales, me han dicho que lo mas maravilloso de mundo es tener un hijo o una hija; yo voy mas allá, por supuesto es maravilloso, pero lo es tanto, como comprobar que ante semejante acontecimiento, la tecnología, las redes sociales o la geolocalización consiguen y facilitan que muchas de esas personas por las que tienes cariño, apego, contacto profesional, karma o llamese como Dios quiera, te mandan una felicitación y los buenos deseos para tus hijos.

Hoy somos muchos los que utilizamos smartphones para comunicarnos, a nivel profesional o personal, y la difusión que logramos dar a eventos tan importantes como el nacimiento de un hijo no tiene parangón en el mundo de las relaciones publicas, familiares o profesionales. Personas de nuestras familias, que se encuentran de vacaciones a muchos kilómetros de distancia, familiares que viven en países extranjeros, han conocido sobre el nacimiento de nuestra hija gracias a las redes sociales.

Y gracias a las mismas, algunas empresas que se dedican a ofertar productos relacionados con el mundo de los bebes, te mandan propuestas, nada intrusivas, de como puedes vestir a tu hija, como puedes hacer sus fotos o que puedes regalar a su madre.

En definitiva que la Buena Nueva del nacimiento de nuestra hija se convierte en motivo de agradecimiento para muchos de nuestros allegados.

Nota: es muy posible que montemos una web de acceso limitado de nuestros hijos

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Amigos para siempre

En algunos momentos de la vida, unas veces con mas frecuencia, otras de vez en cuando, vienen a mi memoria recuerdos de los momentos vividos junto a mis amigos y familiares que ya no están.

En 2010 en circunstancias diferentes dejaron de estar a mi lado Dominica, que se fue con noventaitantos, una mujer recia, dura, buenísima persona, que en lecho del final de sus dias tuvo una sonrisa para mi hijo casi recién nacido. Ella siempre fue la delicadeza personificada, incluso cuando siendo muy pequeño, quien escribe pisaba sus patos y los mandaba a mejor vida.

Fernando, hermano de mi padre, por una enfermedad de la que nunca quiso decirnos nada a algunos de sus familia, era un tipo bonachón, amable, con su carácter granaino. Alguien que se puso el mundo por montera y defendía sus ideales le pesase a quien le pesase, pero que al igual que mi padre, necesitaba que le llamásemos mas que llamar él. Y el momento final fue difícil porque la familia no quiso que estuviésemos algunos de sus sobrinos. No pasa nada, pero aprendí una cosa: la comunicacion debe ser 2.0 reciproca, si un lado no quiere hablar no hay comunicacion posible.

Ha hecho 6 años, hace tres meses, de la marcha de mi padre. Una persona con un corazón muy grande, le pese a quien le pese. Cuando hace poco su quinto hijo, mi cuarto hermano, Rodrigo, conoció a su sobrino Enrique, mi hijo, poco mas que saltaron algunas lágrimas, mezcla de momentos complicados en estos años con otros muchos de alegría.

En uno de esos momentos de gran alborozo y alegría, 19 de septiembre de 2009, día de nuestra boda, eche mucho de menos a Rodrigo Mayoral, una de esas personas, hay pocas en la vida, que siempre, digo bien cuando escribo siempre, tenían una sonrisa en la boca, una palabra de consuelo, la frase correcta en cualquier momento, esa virtud de estar en cada momento de la vida haciendo lo correcto. Rodrigo en el momento mas feliz de su vida, acababa de tener una niña preciosa, nos dejo. Han pasado dos años y aun no me he acostumbrado a no tenerle entre nosotros. El pasado viernes cuando estuve con su mujer y su preciosa hija, fiel reflejo de los rasgos de su padre, solo se me ocurrió rezar por su alma, porque la congoja que sentía es similar a la que tengo al escribir estas letras.

Su hermano mayor, uno de mis mejores amigos, no dejo de agradecer mi presencia. Cada día, en muchos momentos del día, un pensamiento va por él.

Finalmente, nos conocimos hace muchos años, no recuerdo cuantos, viene a mi recuerdo la persona de Jose Miguel Vicens. Su ausencia para no fue un palo muy duro. Es alguien que, aunque no nos veíamos con frecuencia, cuando lo hacíamos, era, para beber de las aguas de la fuente de la vida, de la sabiduría, del trabajo bien hecho. Su mujer, Rosario, hermana de otro de esos amigos que no deberían faltar en la vida de nadie, se que no lo ha pasado bien, pero tener una familia tan numerosa junto a muchas personas que la adoran, ha supuesto un bálsamo que cura las heridas con el tiempo. De vez en cuando cuando veo a sus hijos, con la misma alegría que tenia su padre, poco menos que me asaltan un pensamiento de agradecimiento por haber podido conocer a Jose Miguel, en aquellos lejanos días de los ochenta, cuando muchos nos batíamos el cobre por la defensa de la vida humana.

No espero querido lector de este blog que entiendas este post, y es posible que te preguntes, que hago escribiendo sobre esto.

Desde hace mucho tiempo, en momentos difíciles, como el ultimo que paso este verano, cuando Jon Gutierrez, se fue de repente, este blog es una fuente de inspiración y de consuelo, porque me permite expresar muchos pensamiento que tengo en el corazón, y que de otra forma se quedarían rumiando en el mismo.

Jon, a quienes algunos lectores, conocían, era un chaval joven, en el momento cumbre de su vida, en el que comenzaba a escribir, y al que la llegada del Social Media Marketing le había abierto muchas puertas, muchos sueños, y la posibilidad de recuperar amistades, conocer a otras personas y en el fondo a sentirse esa persona que con una palabra precisa te alegraba la vida, en el momento mas inesperado.

Gracias a todos ellos he vivido momentos muy especiales, y pienso que es de bien nacidos ser agradecidos por tantas cosas buenas que me enseñaron todos ellos.

5 años, 1.825 días, 43.800 horas……

Cada 19 de enero, desde que escribo este blog, trato de tener un recuerdo especial, para una persona a quien quería, y sigo queriendo, tanto, como para escribir un post cada año. Sin embargo este 19 de enero, ha coincidido, también, que hace 4 meses contraje matrimonio, y por lo tanto, como dice el dicho, las penas las mato con alegrías.

Sin embargo no deja de ser un día de muchos recuerdos. Durante los últimos días de su vida, pasaron por mi mente muchos recuerdos, que al escribir este post, al sonido de “Everyday” de Phil Colins, vuelven a mi pensamiento. Su dedicación, hasta la extenuación, a su trabajo, a su Publicidad Exterior, a sus amigos, a quienes lo pasaban bien y a quienes estaban en mal momento, por salud física o salud profesional, para todos ellos siempre tuvo palabras de aliento.

Para su familia, para su Granada, para su Darro y su Genil, siempre tuvo palabras emocionadas, que me ha confirmado, hace unos días, su primo Pepe, desde el lejano Paraguay; para sus primos de Granada, para los que vivían y viven en Sevilla; para su primo Luis; para sus sobrinos a los que adoraba, con el amor de quien sabe que tiene un tesoro; para la única nieta que conoció: hoy tendría seis camino de ocho.

Para sus compañeros de profesión, como Manolo López Barajas, Javier Diaz Colmenar, José Mari Cabrera hoy fallecido, y tantos otros de su bendita profesión de publicista.

Quienes leeis este blog, que cuenta casi con dos años, sabéis que hablo de Enrique Martínez Gordo, mi difunto padre.

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Ayer fue un día diferente, fue el primer año en que las lagrimas tuvieron poca presencia: por primera vez en estos cinco años, cuidé de mi mujer, y del pequeño que va a nacer, es mi prioridad en este momento. Son muchas horas, muchos minutos, sin disfrutar de la compañía de mi padre; él era referente en mi vida, y he pasado por momentos muy difíciles, durante estos 5 años, y sin embargo, como decía un buen amigo, el tiempo pone las cosas en su sitio, gracias Pot, pero sobretodo gracias por estar a mi lado, en esos duros momentos.

Cuando hace 4 meses me casé, entendí muchas cosas, que mi padre me repetía, hasta la saciedad, y qué, sin llegar a ser cansinas, si consiguió que hicesen mella unos años después. A él le estaré, eternamente, agradecido, por algunas cosas que me enseñó en vida. Se, por él y por familia cercana, cuanto sufrió, en los últimos días de su vida, al pensar que dejaba huerfano a Rodrigo, mi hermano pequeño, de 15 años.

Desde allí donde te encuentres, no debes preocuparte, somos fuertes, Rodrigo está hecho un hombre, vas a ser abuelo, por octava vez, tus hijos te queremos, y nos acordaremos siempre de tí; y además estamos tratando de juntar a toda tu familia, hemos creado un grupo en redes sociales, y volvemos a comunicarnos unos con otros, cada uno a su tiempo, con su estilo, con sus circunstancias.

Hace 5 años, 1825 días, 43800 horas, que nos dejaste, sin embargo, tu llama sigue encendida en mi corazón, y, estaré siempre presente, sobretodo ese afan por ser cada día mejor, por ese afan de hacer las cosas bien, aunque, en ocasiones, nos equivocásemos. Gracias por todo lo que aprendimos contigo durante tu vida, y, gracias, por aquellas que nos has enseñado desde que te fuiste.

GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS